Una Voce el Litoral ( Argentina)
miércoles, 22 de mayo de 2013
Acción Litúrgica: Peregrinación Paris-Chartres
Acción Litúrgica: Peregrinación Paris-Chartres: Multitudinaria peregrinación anual tradicional de París a Chartres, en Francia, con motivo de la fiesta de Pentecostés, que un año más pare...
Acción Litúrgica: Congreso Summorum Pontificum en México
Acción Litúrgica: Congreso Summorum Pontificum en México: Del 5 al 7 de julio se celebra en Guadalajara, México, el Primer Congreso Summorum Pontificum, organizado por la Fraternidad Sacerdotal de ...
miércoles, 24 de abril de 2013
( Fuera de la Iglesia,no hay Salvacion ) EXTRA ECCLESIAM NULLA SALUS, NAM JESUS CHRISTUS NOSTRA SALUS. EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL SANTO PADRE EN LA CELEBRACIÓN DE SU SANTO
"Y Él vio, y vio que las cosas iban bien. Y así la Iglesia es Madre,
Madre de más hijos, de muchos más hijos. Se convierte en Madre, Madre,
Madre cada vez más. Madre que nos da la fe, la Madre que nos da una
identidad. Pero la identidad cristiana no es una tarjeta de identidad:
la identidad cristiana es la pertenencia a la Iglesia, porque todos
ellos pertenecían a la Iglesia, a la Iglesia Madre. Porque, encontrar a Jesús fuera de la Iglesia no es posible. El gran Papa Pablo VI dijo: "Es una dicotomía absurda, querer vivir con Jesús sin la Iglesia, seguir a Jesús fuera de la Iglesia, amar a Jesús sin la Iglesia".
Y la Iglesia Madre que nos da Jesús nos da la identidad que no es sólo
un sello: es una pertenencia. Identidad significa pertenencia.
¡Pertenecer a la Iglesia, esto es hermoso!"
"Cuando llegó y vio la gracia de Dios, se alegró": Éste es el gozo del
evangelizador. Y como decía Pablo VI, "es la alegría dulce y
reconfortante de la evangelización." Y esta alegría empieza con una
persecución, con una gran tristeza, y termina con alegría. Y así, la
Iglesia sigue adelante, dice un santo - no me acuerdo ahora quien -
"entre las persecuciones del mundo y los consuelos del Señor”.
“Así es la vida de la Iglesia. Si queremos ir un poco por el camino
mundano, de la negociación con el mundo, como hacían los Macabeos, -ha
dicho el Papa- nunca tendremos el consuelo del Señor”. Si buscamos solo
el consuelo, será un consuelo superficial, no el del Señor, que es un
consuelo humano.
La Iglesia siempre va entre la Cruz y la Resurrección, entre las
persecuciones y los consuelos del Señor. Y éste es el camino: quien va
por este camino no se equivoca. Pensemos hoy en la actividad misionera
de la Iglesia: ellos salieron de sí mismo para evangelizar. Incluso
aquellos que tuvieron el coraje de proclamar a Jesús a los griegos, una
cosa casi escandalosa en aquel momento. Pensemos en esta Madre Iglesia
que crece, crece con nuevos hijos a los que se da la identidad de la fe,
porque no se puede creer en Jesús sin la Iglesia.
Extractos de la homilía en el día de San Jorge, 23 de abril de 2013
Publicado por
Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina
viernes, 29 de marzo de 2013
Théosis: Semana Santa junto al P. Matta Meskin
Théosis: Semana Santa junto al P. Matta Meskin: Estimado lector: Te invitamos a vivir el misterio pascual del Señor de la mano del P. Matta Meskin. A continuación te dejamos t...
martes, 26 de marzo de 2013
CATHOLICVS: Los obispos de lengua alemana siguen escandalizand...
CATHOLICVS: Los obispos de lengua alemana siguen escandalizand...: El P. Reto Nay (en la fotografía del centro), co-fundador de la conocida Gloria.tv , ha sido removido de su parroquia, Sedrun, localidad ...
lunes, 25 de marzo de 2013
Santa Bárbara de la Reina de Casablanca - Una Voce Casablanca Chile: LLevemos a todos la alegría de la Fe.
Santa Bárbara de la Reina de Casablanca - Una Voce Casablanca Chile: LLevemos a todos la alegría de la Fe.: * Homilía del Santo Padre Francisco en el Domingo de Ramos Jesús nos acompaña y nos carga sobre sus hombros 1. Jesús entra ...
martes, 19 de marzo de 2013
¡FELICIDADES A SU SANTIDAD BENEDICTO XVI!

¡FELICIDADES, SANTIDAD, EN EL DÍA DE VUESTRO PATRONO SAN JOSÉ!
En este día en que
celebramos la Solemnidad de San José y en el que la Iglesia celebra la
Inauguración del Pontificado del Papa Francisco, todos los miembros de
la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina deseamos
felicitar vivamente a Vuestra Santidad con motivo de Su onomástica.
Estaréis ausente
físicamente en las grandes celebraciones que tendrán lugar dentro de muy
pocas horas en la Plaza de San Pedro, pero estaréis muy presente en
nuestros corazones. Presente por la comunión de los santos. Presente por
los vínculos indestructibles de la oración. Presente, cercano y unido a
cada uno de nosotros en el Cuerpo eucarístico de Nuestro Señor
Jesucristo, que por medio de la Sagrada Comunión nos une íntimamente con
Él, que es Cabeza del Cuerpo Místico, y nos une inseparablemente a cada
uno de los miembros del Cuerpo. Permanecemos unidos a Vuestra Santidad
por la Gracia de Cristo, por el Amor del Padre y por la Comunión del
Espíritu Santo.
En medio de la alegría
propia de los acontecimientos presentes, no podemos ni queremos dejar
de expresar públicamente nuestra profunda gratitud a Dios y a Vuestra
Santidad por el servicio que nos habéis prestado, con generosidad y
hasta el heroísmo, hasta el límite de las propias fuerzas, en todos los
años de Vuestro ministerio como Soberano Pontífice, Vicario de Cristo y
Sucesor del Bienaventurado Apóstol Pedro.
Sólo Vuestra Santidad y
el Todopoderoso conocen el sufrimiento martirial de todos estos años,
sufrimiento que nosotros atisbamos y por el cual os mostramos
reconocimiento, gratitud y amor.
Para culminar Vuestra
entrega, como Vicario del Sumo y Eterno Sacerdote, y dignísimo Sucesor
del Príncipe de los Apóstoles, no habéis dudado en ofreceros
victimalmente en mística unión con Aquél que cada día se hace Víctima de
holocausto en la blanca Hostia que entre vuestras manos ofrecéis al
Eterno Padre.
Vuestra Santidad nos ha
enseñado en silencio, con el lenguaje de la propia vida, que son
inseparables el Sacerdocio, la Víctima y el Altar.
Nos habéis enseñado que
el amor verdadero, el amor hasta el extremo, que es el Amor de Cristo,
conlleva y exige por sí mismo la entrega y el sacrificio de la propia
vida,del propio yo, transformando en un altar el propio corazón. Así nos
transformamos en Hostia de oblación en unión con Cristo, y así se
transforma la propia vida en sacrificio de suave olor que se eleva como
homenaje, alabanza y adoración filial hasta el corazón del Padre de las
misericordias.
En este día no
olvidamos, Santidad, que habéis elegido permanecer unido y bien asido a
la Cruz y al Crucificado por la senda del ocultamiento, del despojo, de
la humildad y del silencio. Ha sido la Vuestra una elección nacida del
amor y para el Amor.Un gesto sublime que no está el entenderlo al
alcance de quienes se mueven en la mediocridad, en la banalidad, en la
pura exterioridad de las cosas.Lo sublime está tan alejado como
inasequible a las masas que se dejan manejar y guiar por lo mediático,
lo aparente, lo que tan sólo parece, pero jamás por aquello que
verdaderamente es.
Sabe bien Vuestra Santidad que al igual que Nuestro Señor, los Santos no han sido ni son populares, lo que no quiere decir que muchedumbres de almas sencillas no hayan conseguido "descubrirlos" guiados por el olfato Católico que el Espíritu Santo infunde en los humildes de corazón.Pero esas mismas almas sencillas toman distancia de la masa.
Sabe bien Vuestra Santidad que al igual que Nuestro Señor, los Santos no han sido ni son populares, lo que no quiere decir que muchedumbres de almas sencillas no hayan conseguido "descubrirlos" guiados por el olfato Católico que el Espíritu Santo infunde en los humildes de corazón.Pero esas mismas almas sencillas toman distancia de la masa.
Vuestro gesto martirial,
Santidad, nos habla y enseña que en la Cruz está Aquél que es Vuestro
todo. Aquél mismo que era el "Todo" para el Seráfico Francisco. Y así
como Él correspondió al amor del "Pobrecillo", agraciándolo con los
signos de la Pasión grabados en su flaco cuerpo, así os corresponde a
Vuestra Santidad grabando sus santas señales en Vuestro corazón de
Pastor y Sacerdote. También Vos, como el Seráfico, no hacéis alarde del
don recibido, pero entre los destellos de vuestra profunda y verdadera
humildad nosotros barruntamos el don del Amor que se os ha concedido.
¡Vuestra Santidad lo ha dado todo! Se ha dado a sí mismo. Se ha sacrificado a sí mismo como el siervo bueno y fiel que sólo quiere que aparezca su Señor,que triunfen los intereses de su Señor. Porque el siervo bueno y fiel no tiene más intereses que los de su Señor.
¡Vuestra Santidad lo ha dado todo! Se ha dado a sí mismo. Se ha sacrificado a sí mismo como el siervo bueno y fiel que sólo quiere que aparezca su Señor,que triunfen los intereses de su Señor. Porque el siervo bueno y fiel no tiene más intereses que los de su Señor.
Continuáis siendo para
todos nosotros el mismo humilde operario que siempre ha trabajado con
tesón en la viña del Señor. Esa viña en la que habéis ido regando cada
cepa con vuestros sudores y con vuestra entrega.
¡Tanto habéis sufrido en soledad y en silencio! ¡Tanto habéis sufrido sin manifestarlo al mundo! ¡Ocultando cada desgarro del corazón detrás de una dulce sonrisa!
A los ataques habéis respondido siempre con dulzura y con amor.
A los desprecios recibidos habéis correspondido siempre con perdón y corazón de padre.
Ante la desobediencia habéis reaccionado urgiendo a todos con templanza.
Habéis preferido en todo momento más exhortar que imponer, dar razones que obligar.
Elegísteis siempre el método y el camino del ejemplo personal, aún sabiendo que los arrogantes jamás os seguirían.
Y hasta a los lobos os habéis acercado, no con palos ni armado, sino con aquella dulzura santa con la que Francisco se acercó a lobo de Gubbio, apoyado tan sólo en la fuerza de la oración y en la confianza en Dios.
¡Qué mal os hemos correspondido, Santidad!
¡Qué ingratos hemos sido!
¡Qué poco os hemos arropado ante las repetidas embestidas con que os han afrentado durante todo vuestro Pontificado!
¡Qué sólo os hemos dejado tantas veces y hemos huido cobardemente como Pedro y los demás huyeron cuando prendieron al Maestro!
¡Cuántas veces nos hemos comportado como si no os conociésemos! ¡Cómo si no fuésemos de los Vuestros!
Al mismo tiempo, Vos seguíais incansablemente defendiendo el rebaño, sin dejarse arrastrar por la tentación del fácil populismo, de buscar el aplauso fácil, la fama y la aprobación del mundo y de los mundanos.
Nada ni nadie han logrado deteneros. Ni la resistencia de los rebeldes, ni la desobediencia de los hijos, ni las risas de los necios, ni la arrogancia de los soberbios, ni las incompresiones de la masa, ni la doblez de los cínicos, ni las críticas inmisericordes de los de corazón perverso,ni la superficialidad de los vulgares, ni las asechanzas de los lobos...
¡Nadie ha logrado deteneros, porque nada habéis antepuesto al amor de Cristo, Benedicto XVI!
¡Cuánta banalidad en nosotros! ¡Cuánta doblez y cuánto orgullo! ¡Cuánta insensatez!
Ahora continuáis regando la viña del Señor con vuestra oración y con la misma entrega de sí mismo, entrega hasta el extremo.
Será el Señor de la historia y la historia misma quienes al final harán justicia. Y estamos seguro de que el nombre de Vuestra Santidad aparecerá grabado con letras de oro, con letras imborrables y gloriosas.
Vos nos habéis recordado con Vuestro ejemplo la enseñanza de vida del Maestro: al fin, de lo que se trata es de ganar la guerra aunque se pierdan batallas.
¡Tanto habéis sufrido en soledad y en silencio! ¡Tanto habéis sufrido sin manifestarlo al mundo! ¡Ocultando cada desgarro del corazón detrás de una dulce sonrisa!
A los ataques habéis respondido siempre con dulzura y con amor.
A los desprecios recibidos habéis correspondido siempre con perdón y corazón de padre.
Ante la desobediencia habéis reaccionado urgiendo a todos con templanza.
Habéis preferido en todo momento más exhortar que imponer, dar razones que obligar.
Elegísteis siempre el método y el camino del ejemplo personal, aún sabiendo que los arrogantes jamás os seguirían.
Y hasta a los lobos os habéis acercado, no con palos ni armado, sino con aquella dulzura santa con la que Francisco se acercó a lobo de Gubbio, apoyado tan sólo en la fuerza de la oración y en la confianza en Dios.
¡Qué mal os hemos correspondido, Santidad!
¡Qué ingratos hemos sido!
¡Qué poco os hemos arropado ante las repetidas embestidas con que os han afrentado durante todo vuestro Pontificado!
¡Qué sólo os hemos dejado tantas veces y hemos huido cobardemente como Pedro y los demás huyeron cuando prendieron al Maestro!
¡Cuántas veces nos hemos comportado como si no os conociésemos! ¡Cómo si no fuésemos de los Vuestros!
Al mismo tiempo, Vos seguíais incansablemente defendiendo el rebaño, sin dejarse arrastrar por la tentación del fácil populismo, de buscar el aplauso fácil, la fama y la aprobación del mundo y de los mundanos.
Nada ni nadie han logrado deteneros. Ni la resistencia de los rebeldes, ni la desobediencia de los hijos, ni las risas de los necios, ni la arrogancia de los soberbios, ni las incompresiones de la masa, ni la doblez de los cínicos, ni las críticas inmisericordes de los de corazón perverso,ni la superficialidad de los vulgares, ni las asechanzas de los lobos...
¡Nadie ha logrado deteneros, porque nada habéis antepuesto al amor de Cristo, Benedicto XVI!
¡Cuánta banalidad en nosotros! ¡Cuánta doblez y cuánto orgullo! ¡Cuánta insensatez!
Ahora continuáis regando la viña del Señor con vuestra oración y con la misma entrega de sí mismo, entrega hasta el extremo.
Será el Señor de la historia y la historia misma quienes al final harán justicia. Y estamos seguro de que el nombre de Vuestra Santidad aparecerá grabado con letras de oro, con letras imborrables y gloriosas.
Vos nos habéis recordado con Vuestro ejemplo la enseñanza de vida del Maestro: al fin, de lo que se trata es de ganar la guerra aunque se pierdan batallas.
¡Dios bendiga a Vuestra Santidad!
¡La Virgen Santísima lo proteja y lo colme de sus amores maternales!
¡San José, Vuestro Patrono, os custodie con todo amor!
¡Siempre unidos, Santidad!
¡Siempre unidos en los Sacratísimos Corazones de Jesús y María!
¡Eternamente agradecidos a Su Santidad Benedicto XVI!
¡Eternamente agradecidos a Su Santidad Benedicto XVI!
P. Manuel María de Jesús
Suscribirse a:
Entradas (Atom)